Por qué creo qué… (2)

Por qué creo que hay que mantener a las empresas privadas fuera de la estructura de decisión y gobierno de la universidades y centros de investigación.

En mi opinión, además de las consecuencias de segregación por recursos que antes he comentado, hay más razones para mantener a las empresas privadas alejadas de la toma de decisiones en las universidades.

Yo creo que la universidad tiene, fundamentalmente, dos objetivos: la educación , transmisión del saber, y la investigación, generación del saber. En mi opinión, ambos objetivos son perjudicados si se fuerza el criterio de maximizar beneficios, que es la consecuencia de dar el poder de decisión a las empresas.

En ocasiones con razón, hay quien se queja de que la formación universitaria debería estar más enfocada al mundo laboral. En parte estoy de acuerdo, una formación de tipo más práctico podría agradecerse en ocasiones. Pero si se deja que sean las empresas quienes decidan, la consecuencia será que la relación inversión/beneficio se intentará llevar al límite. Es decir, invirtiendo el mínimo posible por alumno, lo estrictamente necesario para que el titulado resulte útil a la empresa.

Es mi opinión personal que la formación universitaria debería de ir más allá de un mero cursillo preparatorio para realizar un trabajo dado en una empresa. En mi opinión, la formación que se recibe en una universidad es un servicio público, una inversión. La sociedad invierte recursos en formar lo mejor posible a los universitarios, que a su vez, devuelven esa inversión a lo largo de toda su vida, generando conocimiento como investigadores, generando empleo e ideas innovadoras como emprendedores o simplemente transmitiendo su conocimiento y formación mejorando el nivel de su entorno. Mi visión es que al educar y formar personas íntegras, las universidades se convierten en focos de los que emanan las cualidades que hacen que una sociedad progrese. Cualidades como razón, conocimiento, valores, pensamiento lógico, consciencia social… además, claro, de habilidades y capacidades específicas de cada carrera, cualidades que se inyectan directamente en el torrente sanguíneo de la sociedad, renovándola y mejorándola en su conjunto. Creo que es algo que va más allá del mero hecho de entrenar un trabajador.

Por otro lado, la otra gran tarea de las universidades es la investigación. Hay quien opina que deberían ser las empresas quienes decidan qué es lo que se debe investigar, que es lo que ocurriría si al final sucede el escenario que antes he descrito. En mi opinión, eso sería posibilidad viable a corto plazo, pero una catástrofe a largo plazo.

Sin duda, poder disponer de una universidad para que sus investigaciones funcionen como departamento de i+d podría ser el sueño de cualquier empresa. Pero las empresas se caracterizan por su búsqueda de rentabilidad inmediata, y la mayoría de investigaciones en ciencia básica, matemáticas, etc. no ofrecen tal cosa. Sin embargo, en mi opinión, la investigación en estos campos no es ya importante, es directamente imprescindible. Existen innumerables ejemplos de investigaciones en ciencia básica y matemáticas que no han obtenido resultados económicos inmediatos, pero que a día de hoy resultan imprescindibles.  Como podría tirarme todo el día con este tema, me limitaré a enlazar un ejemplo que conozco bien debido a que pertenece a mi propio campo: La carta de Ernst Stuhlinger que la NASA terminó publicando bajo el título “¿Por qué explorar el espacio?”

http://naukas.com/2012/08/08/por-que-explorar-el-espacio-carta-traducida-de-la-original-de-ernst-stuhlinger/

De igual modo, la investigación que realmente hace avanzar la tecnología y el conocimiento, en muchas ocasiones es demasiado cara y arriesgada para ser del gusto de las empresas. Supeditar la investigación a sus necesidades estancaría la investigación, invirtiendo sólo en temas seguros, como mejoras de tecnologías existentes, en vez de atreverse con investigaciones que corren el riesgo de salir mal o no ser rentables, como el desarrollo de nuevas tecnologías o muchas de las investigaciones en ciencia básica.

Sin embargo, en mi opinión son estas últimas las que realmente hacen progresar un país, las que permiten realmente que la ciencia avance.

Para hacer más clara aún mi postura, me gustaría citar algunos de los avances en tecnológicos que se han desarrollado como proyectos de investigación pero que han tardado años en convertirse en mercantilmente explotables:

Laser (fundamento teórico: 1916, primer uso industrial: 1969)

Semiconductores (primeras investigaciones: 1833, primeros usos industriales: 1920s)

Álgebra Booleana (primera definición: 1847, primeros usos industriales:1948)

En mi opinión, está claro que si hubiera dependido únicamente del criterio de empresas privadas, casi con total seguridad ninguna de ellas se hubiera desarrollado. Sin embargo, a día de hoy, el láser es una herramienta fundamental e imprescindible en la industria que ha permitido el desarrollo de procesos avanzados de producción, tanto de corte como de soldadura,  así como todas las tecnologías de lectura y grabación de CDs. Tanto la segunda como la tercera permiten hoy en día que existan aparatos electrónicos, y la práctica totalidad de los cacharros que necesitan electricidad para funcionar más complicados que un flexo serían simplemente imposibles sin ellas.

Y todo esto sin entrar en el concepto fundamental del peer review, carente de cualquier beneficio económico pero imprescindible para el avance de la ciencia, al separarla de la charlatanería y la pseudociencia.

Pero, ¿esto significa que las empresas privadas son el enemigo de la universidad pública?

Rotundamente, NO. Yo creo que realizar proyectos conjuntos de investigación, pactos en los que la universidad es contratada por una empresa para realizar este tipo de actividades, puede ser muy beneficioso para ambas. Pero han de ser contratos en igualdad de condiciones, discutidos por ambos, no el principal modo de subsistencia de las universidades. Y por supuesto, la universidad debe contar con fondos públicos independientes de las empresas, que se destinen a proyectos que los propios investigadores consideren que merecen la pena en sí, sin estar sujetos al lastre de estar obligados a dar rentabilidad inmediata. Los investigadores deben tener la capacidad de explorar, de descubrir y de trazar sus propios obyetivos. Obviamente, ha de mantenerse un control para no desmadrar la situación y para asegurarse de que los fondos se invierten en investigaciones con sentido, pero el análisis y juicio de éstos debe ser, en mi opinión, realizado por otros investigadores y personal cualificado en función de aspectos más científicos que la mera capacidad de proporcionar un rendimiento económico.

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